Relaciones espirituales

Actualmente el sistema de pensamiento predominante en el mundo está centrado de forma continua en que ataquemos a los demás, por lo que también nos estamos atacando a nosotros mismos. Nuestro objetivo en este mundo es ver cada instante como una oportunidad para amar. Cada día, a cada momento, estando en una habitación con nuestra pareja o pensando en ella, nos vemos enfrentados ante la decisión de si le desearemos lo mejor o de si la juzgaremos. Es alarmante advertir los pensamientos que nos vienen a la cabeza. La mayoría son sobre lo que alguien está haciendo o ha hecho. Tanto si es inocuo en su apariencia, como “Ella debería haber metido el plato sucio en el lavavajillas”, u otro negativo,como “¡Odio a ese tipo!”, una queja es una queja. Guardarle rencor a alguien por cualquier razón es atacarnos a nosotros mismos.

Si seguimos un camino espiritual, aspiramos a tener una actitud llena de amor hacia todo el mundo y no solo hacia determinadas personas. No se trata sobre cómo “deberíamos” pensar o actuar, sino simplemente de ver lo poderoso que es cada pensamiento. Nos dejamos engañar por el mito de la neutralidad, la idea de que basta con no desearle mal a nadie. Pero en realidad, los pensamientos neutros no existen. A pesar de que manejemos mal nuestra forma de pensar, su fuerza no disminuye por ello. Es importante que tomemos una actitud distinta ante la vida, aprender a usar la mente como vehículo del amor va en contra de nuestros hábitos mentales. Pero es la única manera de liberarnos del sufrimiento de nuestro corazón. Cuando tenemos en cuenta que los demás son tan sensibles y han sufrido tanto como nosotros, nuestro corazón se anega de una luz esclareciente y divina y ya no existe oscuridad alguna que nos impida progresar. Por más terrible que pueda ser nuestro propio dolor o sufrimiento emocional, mientras no le cerremos el corazón a los demás nacerá una vida nueva a nuestro alrededor.  La próxima vez que estés haciendo haciendo cola en una tienda o restaurante, envíale silencio desde el corazón paz y amor a las personas de tu alrededor. Tu energía, tu mirada, incluso lo que dices y cómo lo dices, cambiará. Y averigua si lo que has dado te vuelve o no.

Las relaciones tienen una función espiritual de crecer anímicamente juntos. Por eso las relaciones no siempre son un camino de rosas. Si bien el ego sostiene que hay distintas clases de amor para distintos tipos de relaciones, la base espiritual de las relaciones es la misma adopte la forma que adopte la relación. Ya seas mi socio en un negocio o un familiar, al pregunta es: ¿Me estoy relacionando contigo dejándome llevar por los rasgos de mi personalidad o te ofrezco el regalo de mi entrega de amor? ¿Estoy aquí para juzgarte o para perdonarte? Las respuestas reflejarán lo que sucederá a continuación.                                               

El ego ve a los demás desde un punto de vista transaccional, como un medio de satisfacer sus propias necesidades. En cambio el espíritu los ve desde la perspectiva relacional, buscando la forma de fomentar juntos el amor. Lo último que el ego quiere que creamos es que las relaciones son fundamentales en el periplo espiritual. Pero lo son. El ego intenta servirse del mundo para alcanzar sus propios objetivos, en cambio el espíritu procura colaborar con él. Probablemente te han preguntado varias veces “¿Qué buscas en una relación?”, en lugar de “¿Qué es lo mejor que puedes aportarle a una relación?”. Lo único de lo que carece cualquier situación según Un Curso de Milagros es de lo que no estamos ofreciendo. El ego nunca ve una razón para sentirse satisfecho con nadie.

En un mundo donde el miedo predomina en la mente humana, cuesta desarrollar a base de práctica la musculatura emocional del amor. Y, cuando alguien nos saca de quicio y nos pone el dedo en la llaga, nos resulta aún más difícil. Por eso la práctica espiritual es tan importante. La herramienta más poderosa para triunfar en la vida, en todo ámbito, incluido el de las relaciones, es que nuestra mente sea el conducto para una forma correcta de pensar. Y solo lo conseguiremos entrenándola. Hacemos pesas para desarrollar los músculos del cuerpo y ejercicios espirituales para desarrollar los músculos de la actitud. Uno nos empodera por fuera y el otro, por dentro. Y ambos requieren de esfuerzo.

Nuestra tarea no es buscar el amor, sino buscar todas las barreras que levantamos para entorpecer su llegada. Esas barreras, esos muros delante de nuestro corazón, son los lugares en los que le damos la espalda al amor. Hacemos diversas cosas para mantener el amor a raya, mostrándonos desde necesitados emocionalmente hasta controladores, desde deshonestos hasta manipuladores, desde demasiado fogosos hasta demasiado fríos, desde egocéntricos hasta asfixiantes. Estos defectos de carácter no tienen que ver con nuestros aspectos negativos, sino con nuestras heridas. Pero sea cual sea la experiencia de la infancia que haya contribuido a esos defectos, ahora somos responsables de ellos. Solo cuando fluyo con la verdad de quién soy puedo fluir con la verdad de quiénes son los demás.

Recurrimos a las relaciones para curarnos no porque siempre saque lo mejor de nosotros mismos, sino precisamente por lo contrario. Además de realzar nuestras virtudes, magnifican nuestros defectos. Y de cierta forma, esa es su finalidad. No solo sacan a luz nuestros puntos débiles, también nos dan la oportunidad de pulirlos. Lo que está enfermo en nuestro interior sale a la luz para que le prestemos atención, así veremos dónde nos han herido en el amor. Cuando la comprensión, la compasión, la fe y el perdón están presenten en ambos miembros de la pareja, las heridas se curan. A veces los dos miembros de la pareja, al entenderlo, transforman su relación en un encuentro sagrado y en un vehículo para el continuo crecimiento interior. Sabiendo que las heridas acabarán saliendo a la luz para que cicatricen, deciden amar a su pareja por más difícil que les resulte y hacer todo lo posibles por perdonarse y comprenderse. Ella le escucha, sabe que se ha mostrado necesitada emocionalmente y controladora, y se disculpa y corrige su comportamiento. Él la escucha, sabe que ha sido egoísta y desconsiderado, y le pide perdón y corrige su forma de actuar. A medida que los dos son cada vez más conscientes de sus propios defectos - mientras se disculpan, perdonan a su pareja, e intentar actuar mejor en el futuro -, el objetivo espiritual de la relación se va cumpliendo. Aquello que el ego ve como una razón para acabar con la relación, el espíritu lo ve como la razón por la que se unieron. En algunos momentos, en una relación la lección es observar lo que está ocurriendo y aprender de ello, y en otras ver que lo mejor es darla por terminada. Lo importante es si usamos cada experiencia para ensanchar nuestro corazón.

Nadie es perfecto. Todos nos equivocamos. Y en las relaciones íntimas es donde más erramos. Hasta que no veamos la parte oscura de nuestra pareja, no la conoceremos realmente. Y hasta que no se la hayamos perdonado, no sabremos lo que es amar de verdad.

Nuestras relaciones son templos de curación cuando dejamos que lo sean.