El tejido de nuestra civilización

¿Por qué existe el hambre, el genocidio o la pobreza endémica en el mundo? Esta no es la pregunta correcta, sino: ¿Por qué permitimos que existan? El problema de nuestra sociedad actual tiene que ver con una mentalidad despiadada y eficiente a la misma vez, un modelo corporativista que amenaza con marginar a cualquiera que no sea partícipe de una forma cada vez más destructiva de ver el mundo. Ahora es el dinero lo más importante en lugar que sean los seres humanos, los principios éticos o el amor lo esencial. Y por lo visto esta mentalidad no se puede cuestionar.

El miedo nos va paralizando lentamente, nos dice que no estamos en este mundo para amar al prójimo y que no le debemos nada a nadie. Que el objetivo es conseguir más cosas, a pesar de que nunca nos lleguemos a sentir satisfechos por más que adquiramos bienes materiales. El ego nos pregunta: ¿Es que no nos alegramos de tener tantas opciones?. ¿Pero, cómo nos sentiremos llenos ante como estás las cosas? La depresión se puede entender también como un decaimiento de algo, ya sea de la alegría, de la creatividad y, a veces, de la capacidad de superar un infierno cuando es necesario. La depresión equivale a una falta de pasión. La pasión surge cuando nos ponemos al servicio de lo que es amable, auténtico y hermoso, de algo importante, más grande que uno mismo. Así, el papel de los apasionados es reconocer aquello que va mal en este mundo y hacer surgir la solución con la máxima pasión posible. No es un papel siempre fácil ni carente de problemas, y tampoco garantiza el apoyo de todos. Es una llamada heroica, esperanzadora. Significa pasar de una mentalidad negociadora de ¿Cómo puedo conseguir lo que quiero de ti? a relaciones humanas de espíritu comunitario en donde nos preguntamos ¿Qué puedo entregarte de mi? Creo que hoy en la actualidad es un acto revolucionario defender con firmeza los principios compasivos ante el gigante económico que se quiere inclinar por delante y dominar. Para que surja la paz y felicidad entre la gente y las naciones es fundamental relacionarnos de manera correcta con los demás seres humanos, ya que no hemos sido creados como seres aislados. Al contrario, somos interdependientes por naturaleza. Y si la solidaridad brilla por su ausencia vamos pereciendo poco a poco. Cuando nos vemos como separados y solos en nuestra vida aislada dejamos de sentirnos responsables por los demás, de ser compasivos y perdonarnos unos a otros. La falta de amor es como estar muertos, y en el fondo de nuestro corazón lo sentimos, lo sabemos.